Del amor... solo quedarán dos rosas.
Una de mi musa y reina de las cosas,
otra del entierro, de la vida hecha cuento.
Lo que muere no es eterno, los pétalos secarán.
Pero el recuerdo estará vivo, aún más allá,
de lo que trasciende un cuerpo que no es identidad.
Todo lo eterno es ajeno a lo material...
Y aferrados a lo conocido, no sabemos palpar
el alma cálida que rosa el viento, la hermosa humanidad.
Así que si suspiras por el o ella que fue,
gritando un Aleluya que erice la piel,
verás que el señor te dejará sentir
la calidez de esa alma que vuelve a vivir.
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