jueves, 4 de octubre de 2012

Reina de velo.

¡Oh, tiesa y magra noche oscura!
Mi mente vuela y mis ojos te descubren.
Penumbra es tu cuerpo y estrellas te cubren;
se tientan mis brazos a alcanzar tu espesura.

Libre y extensa, tan pasible e inquieta.
Ya mis brazos se entumecen tratando de tocarte.
Titubeo es mi desconcierto, tu manto es arte,
tu sonrisa son estrellas en mi ventana abierta

¿Cual es tu caricia, el viento desde la nada?
La luna, lunar de tu belleza encarnada.
En oscuras sos reina de todo, sos cielo;
esa maldición de amarte y morirme en desvelo.

¡Oh, reina cubierta de negro velo!
Envidiosas las flores y la ciudad ante tu encanto.
No hay aroma, ni roce, que florezca un llanto
tal como quererte y fundirse en anhelo.

Ya podré amarte, de cerca, a tu lado;
celosas las cosas que ni un talón te alcanzan.
Estrellas hijas tuyas, en la noche danzan,
tan lejos que mi corazón permanece helado.

Vos... mi cielo... amor en la espesura;
no te quiero aún, pero toda mi vida te quise.
Entra en contradicción mi alma que maldice:
quererte y no quererte, en la razón de mi locura.

Sigue danzando para siempre, manto oscuro,
embriagando a cada uno en la profunda desvelada.
No hay celos que por tantos tristes seas amada.
¡Feliz tu destino de dormir con cada uno!



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