sábado, 25 de agosto de 2012

¡Cortarle las piernas!

¡Que desorden es una mente saturada de injusticias!
que el amor te retiene, el dolor te da la cólera,
el llanto que se escurre después de unas caricias.
El ambiente esta tenso, respirar se vuelve denso
¿Religión o justicia? ¿Entenderá Dios mis deseos?
poner orden en su nombre ¿soy digno de hacerlo?
No se si hace falta hacer tantas preguntas.
Después de todo, las respuestas siempre vienen confusas.
Esta mi honor como hombre, la vida, la conciencia.
¿Tantas cosas pasan y hay que tener paciencia?
¿Entenderá mi Dios, que no hay tiempo de esperar?
La voluntad de hacer el bien, sobre la de hacer el mal,
es una carrera de un caballo contra la de un hombre bueno.
Un caballo negro, rabioso, poseído, sin frenos.
Y un hombre que por amor, corre, rezando;
con su espada enfundada, su corazón envuelto en miedo
El desea esconderse y que nadie salga herido.
Pero ese caballo encontrará algún otro enemigo,
otro hombre bueno sin suerte, débil e inocente.
¡Cortar las piernas de ese caballo negro!
Seguirá mirando el mundo con sus ojos rabiosos
sin poder cabalgar detrás de otro hombre.
Y el justiciero podrá mostrarle su espada a los ojos
Por fin habrá justicia, la de uno y la de otros.

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