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| Que más podes ver en una simple ventana? |
La moneda.
Lo que pasa en una noche, es que nada es nada:
el hartazgo del desvelo, la copa ya colmada,
los cigarros en ayunas, la cabeza mal peinada.
En el viento se percibe, otra cosa, no humana.
Es silencio que la piel roza, como el canto de las hadas
Vengan, floreen mi mundo, que en el ya no hay nada.
Agudizando los oídos, con la ventana bien abierta,
siento en tacto el hierro frío de la noche descubierta.
Los marcos del cielo, son todo, son desvelo;
como las hadas del viento que en la noche emprenden vuelo.
Miro atrás. Colores, formas, texturas y siluetas;
mi desvida por las cosas, pareciera estar muerta.
Miro la frágil noche, tan hermosa y tan pura;
en ella no hay engaños, traición ni ataduras.
Y yo esclavo de papeles, plásticos y metales,
este es el infierno del hombre. Preso de los males.
Y entre tantos de los males elegí la mas oscura.
La codiciada moneda, para el final de esta locura.
Ya no hay nadie en las calles, ni quien pueda oír,
si es seca allá el mundo, a otro silencio he de partir.
No hay nada por dejar, nada porque quedar.
El viento me llevará si mi destino es volar.
De lo contrario si es cara, hay una razón por vivir,
aunque esté perplejo de ello, las hadas han de elegir.
Alzando la vista hacía el cielo y la espesura,
el pacto fue sellado, en el silencio de la luna.
Una hora nada más, el sol ya iba a venir;
una noche tan certera jamas volvería a ocurrir.
Así que... la moneda en alto; lo conocido ya es azar.
Eso de lo que nada era, ahora parece importar.
En silencio, hasta del viento, la moneda ya giraba:
en ella había puesto todo en juego. Mi vida.
Me dije ¡NO! aunque tarde. La suerte ya esta echada.
Di unos pasos hacía atrás y en un golpe de ironía,
vi titilar la moneda, había salido cara...
pero en mis malos pasos, por la ventana yo caía.

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