La luna se muestra pálida, frente al aspecto de una flor;
esconde misterio y silencio en su falta de color.
Ese misterio se repite todo el tiempo en cada cosa,
la verdadera belleza se disfraza engañosa.
La flor puede tocarse, digna de ver y sentir;
pero se marchita, muere, se queda en el olvido.
Y la luna triste cada noche vuelve a oír
tus llantos injustos, por la rosa que se ha ido.
Así y todo al final, en la injusta vida oscura,
la noche siempre acoge los momentos de locura.
Brillante o acurrucada detrás de una nube,
tu gran amiga blanca, a tus brazos acude.
Hayas cerrado las ventanas o mirado a otro lado,
creído que esta noche no hay nada por hacer;
en la clara revelación de cuando estés acostado
ella te habrá acompañado hasta el amanecer.
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