miércoles, 7 de diciembre de 2011

A few letras

Aunque la vida siga siendo caer, caer y caer
cayendo de pie sera el intento
ante los ojos ajenos desvergonzados de la muchedumbre
-que nunca importa, es papel tapiz-
Yo te entrego tiempo ¡y es lo más valioso que conozco!
¿Como podrías querer diamantes? ¡piedras que ocupan espacio!
Te brindo espacio y tiempo indefinido... de besos y abrazos.
Respiremos un ocaso, alejémonos y volvámonos a ver,
pero ya sin tener que, sin un porque.
Que esta vida cayendo de pie no vea el que,
sino vea la luz reflejarse en el río, ya el ocaso sera frío.
Y el mismo sol sellara la noche, yo te daré mi abrigo.
La luna estará lejos...  tu pecho cerca mío.


¡A soñar un amor puro te desafío! 

viernes, 18 de noviembre de 2011

Cita al futuro

Ahí sentiré lo que es abrir los ojos dramáticamente y ver la huella en la otra almohada. Balancear los pies, bostezar, ponerme las pantuflas y los lentes, caminar hasta el living, rozar los dedos en los muebles, mirar los cuadros y el piano empolvado. Suspirar, dudar. Abrir el piano y sacar la partitura sepia; pasar los dedos cual braille. Sentir aflorar mi pecho, enriquecer la luz del cuarto y sentir al lado mío... ahhhhh... cerrar el piano, salir al jardín y caminar como siempre: silbando saxos y canciones de películas que siempre soñé.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Dentro del cofrecito


Del cielo estrellado, como siempre, tendían de un hilo corazones desventurados. Algunos más arriba, otros más abajo. Demasiado ego o poca autoestima, definían el largo del hilo. Allí estaba el mio, moviéndose cual péndulo, ignorando el porque del ayer, del hoy, del mañana. Cuando la vio. Había otro corazón, pendiendo de un hilo blanco y delicado, a una distancia fácil de ver, difícil de oír. Era diferente, cuando se movía, tensaba su hilo haciendo sonar melodías que enamorarían a cualquiera. Y yo fui cualquiera. Se movía y la imitaba, dormía y la miraba, descansaba y yo pensaba que palabras le diría si nuestros hilos se enredaran. Fue cuando me decidí al peligro y arriesgarme. La única forma de enredarnos era moviéndome de acá para allá, sin temor a desatarme y caer al vacío y nunca más ver otro corazón. Tomé impulso y balancee mi todo, confiando en mi hilo dorado, que al quedar enredado al blanco tan blanco del suyo, tendría un haz de felicidad. Pero mientras mas impulso tomaba y mas cerca estaba de ella, otro corazón se me adelanto enredándose primero con su hilo negro. Y yo seguí de largo, pero no tanto. Me tope con un cofrecito que me estaba esperando. Fue como entre en el que se cerro con candado, mi hilo no quedo enredado, mas se rompió en pedazos. En la oscuridad escuche romperse el hilo negro del maldito, que solo quiso arruinar un amor. Dentro de mi cofre escucho a veces balanceos y melodías, y una voz conocida. Creyendo que algún día abrirá mi cofre, esperando a oscuras mientras, una puerta separa mi hilo dorado, del suyo, blanco.

m.j.



sábado, 15 de octubre de 2011

Un mentiroso más

Soy uno más, sí, de los poetas mentirosos
podremos descontinuar con las rimas y lírica
podremos dejar la escritura en reposo
pero cuando de amor se trata, mentir es lo nuestro
porque no sé que será el amor, no se que será la vida
solo se que esta llena de mentiras, y los poetas somos culpables.

Culpables por endulzar algo desconocido con palabras
y hacer viajar a la insulsa a un mundo de dulzura
que no existe y nunca existirá, por lo menos en lo real
que es lo que a todos nos importa por sobre el pensar.
Por eso, querida, amigo, no confíe en un poeta
no confíe en rimas, ni en lo bello de las letras
confíe en la prosa, las palabras trabadas y los silencios incómodos
porque eso es real, eso es autentico.
Y si descubren que es amor, cuéntenos
que seguramente mentiremos más, pero mejor.

Aunque queda claro, que mentimos desde el alma. Eso no puede ser tan malo.

jueves, 13 de octubre de 2011

feeling paréntesis L

Justo cuando empezaba a sonar a latón, mi corazón,
sintió una brisa de las que relajan, de esas brisas. Sin prisa.
Tranquilizando la batalla interna en mi cabeza, presa.
Presa por odiar al mundo por no darme una flor, ni amor.

Pero yo he echo muchas locuras, diabluras.
Comprendo que tal vez me quejo demasiado, en pecado.
Y que no fui el mejor peón para esta partida, partida
quedo la brisa, donde se sumo el color, en aquella flor, que promete amor.


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