miércoles, 2 de noviembre de 2011

Dentro del cofrecito


Del cielo estrellado, como siempre, tendían de un hilo corazones desventurados. Algunos más arriba, otros más abajo. Demasiado ego o poca autoestima, definían el largo del hilo. Allí estaba el mio, moviéndose cual péndulo, ignorando el porque del ayer, del hoy, del mañana. Cuando la vio. Había otro corazón, pendiendo de un hilo blanco y delicado, a una distancia fácil de ver, difícil de oír. Era diferente, cuando se movía, tensaba su hilo haciendo sonar melodías que enamorarían a cualquiera. Y yo fui cualquiera. Se movía y la imitaba, dormía y la miraba, descansaba y yo pensaba que palabras le diría si nuestros hilos se enredaran. Fue cuando me decidí al peligro y arriesgarme. La única forma de enredarnos era moviéndome de acá para allá, sin temor a desatarme y caer al vacío y nunca más ver otro corazón. Tomé impulso y balancee mi todo, confiando en mi hilo dorado, que al quedar enredado al blanco tan blanco del suyo, tendría un haz de felicidad. Pero mientras mas impulso tomaba y mas cerca estaba de ella, otro corazón se me adelanto enredándose primero con su hilo negro. Y yo seguí de largo, pero no tanto. Me tope con un cofrecito que me estaba esperando. Fue como entre en el que se cerro con candado, mi hilo no quedo enredado, mas se rompió en pedazos. En la oscuridad escuche romperse el hilo negro del maldito, que solo quiso arruinar un amor. Dentro de mi cofre escucho a veces balanceos y melodías, y una voz conocida. Creyendo que algún día abrirá mi cofre, esperando a oscuras mientras, una puerta separa mi hilo dorado, del suyo, blanco.

m.j.



No hay comentarios:

Más Populares