Ese violín me contagio un pensamiento sospechoso.
Ya empecé a sospechar hasta de mi propia realidad,
de mi percepción; El tacto, lo auditivo.
Y las voces se quejan en mis oídos.
Gesticulan en mi cara pero no veo.
Todo lo que hago mal, sale a la luz. Lo que hago bien, no existe, pero creo
Que es el simple recelo que tengo de ser Rienda o Estribo.
Ese violín conmovió mis ojos penetrantes.
Confundió el origen de mis lágrimas
El azul se viste de rojo, su corazón razguña paredes,
entrelazados sus brazos en redes,
Quedó barado entre piso y el cielo.
Impotente y desesperado, un vida normal anhelo
por un minuto al menos, poder ser como ustedes.
viernes, 19 de marzo de 2010
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